La superficialidad de las redes sociales

17 mayo 2022

El anuncio de Elon Musk sobre la compra de Twitter por 44.000 millones de dólares —y su posterior suspensión por dudas sobre el número de cuentas falsas— nos dejó más que cifras llamativas. Puso de manifiesto la magnitud de un problema que afecta no solo a esta plataforma, sino al ecosistema digital en su conjunto: la creciente distorsión entre lo que las redes sociales prometían ser y en lo que realmente se han convertido.

Nacidas como espacios de encuentro y libertad de expresión, las redes sociales fueron recibidas con entusiasmo como una especie de ágora moderna, donde la ciudadanía —y también los juristas— podían compartir ideas, debatir y establecer conexiones antes impensables. Y, sin duda, han cumplido parte de esa promesa: permiten acceder rápidamente a información relevante, crear redes profesionales e incluso abrir el pensamiento jurídico a otras disciplinas.

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