Inteligencia Artificial Generativa en la empresa: el rol estratégico del departamento legal
23 noviembre 2023

La incorporación de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG) en el entorno empresarial marca un antes y un después en la forma en que las organizaciones operan y se relacionan con sus proveedores, incluidos los servicios jurídicos. Esta transformación, aunque llena de oportunidades, también plantea desafíos que exigen una respuesta estructurada. Aquí es donde el departamento legal adquiere un protagonismo decisivo: no solo como garante del cumplimiento normativo, sino como arquitecto de los protocolos que regirán el uso responsable y ético de estas tecnologías.
La IAG —que engloba técnicas como el procesamiento del lenguaje natural y el aprendizaje automático— puede impulsar la eficiencia, personalizar soluciones y generar nuevos modelos de negocio. No obstante, su implementación no está exenta de riesgos, especialmente en lo que respecta a la privacidad, la propiedad intelectual o la atribución de responsabilidad en caso de errores automatizados.
Frente a este escenario, el área legal de la empresa debe actuar en múltiples frentes. El primero consiste en asegurar que los protocolos internos de uso de la IAG se ajusten a la legislación vigente, tanto en materia de protección de datos como de derechos de autor. Esto implica identificar y evaluar posibles escenarios de riesgo y definir cláusulas contractuales que protejan a la empresa frente a usos indebidos o inesperados.
El departamento jurídico está llamado a colaborar en la elaboración de directrices éticas que reflejen los valores corporativos. Esto no solo incluye la redacción de normas, sino también la implementación de programas de formación para que los empleados comprendan las implicaciones del uso de la IAG y actúen en consecuencia.
Además, el departamento jurídico está llamado a colaborar en la elaboración de directrices éticas que reflejen los valores corporativos. Esto no solo incluye la redacción de normas, sino también la implementación de programas de formación para que los empleados comprendan las implicaciones del uso de la IAG y actúen en consecuencia.
El seguimiento de estos protocolos es igual de importante que su redacción. La supervisión continua, la protección de la privacidad, la elección rigurosa de proveedores tecnológicos y la firma de acuerdos de confidencialidad robustos son pilares esenciales para garantizar que la tecnología se use de forma segura y responsable. Las auditorías periódicas completan esta labor preventiva y correctiva.
El caso de los proveedores de servicios jurídicos externos añade una capa de complejidad adicional. Algunas empresas han comenzado a exigir a sus despachos colaboradores que indiquen expresamente si el contenido del asesoramiento legal ha sido total o parcialmente generado por IA. Esta transparencia es clave para mantener la confianza y la calidad del servicio prestado.
En definitiva, el departamento legal no solo vela por el cumplimiento normativo: también lidera la adaptación ética y estratégica de la empresa a la nueva realidad digital. Asumir este rol con visión, rigor y proactividad no solo protege a la organización de riesgos legales y reputacionales, sino que la sitúa en una posición privilegiada para afrontar el futuro con responsabilidad e innovación.
Este texto es una versión adaptada del artículo original publicado en el Blog de Innovación del Consejo General de la Abogacía Española. Puede leer el artículo completo aquí.